sábado, 4 de julio de 2015

HERSCHEL

                Nació un 13 de julio, casi al mediodía; cuando la familia había recibido la noticia del fallecimiento de una tía.

            Fue el más pequeño de sus hermanos y de alguna manera tuvo dos madres: la biológica y una adoptiva (su hermana mayor), que lo cobijó durante las primeras horas de vida.

            Cuando pequeño, él disfrutó y corrió como todos sus hermanos. Gustaba compartir su tiempo con ellos, a lado de su madre. Aunque se diferenciaba de todos los demás, porque solía ser cariñoso con las personas que se acercaban a él. Sus hermanos se comportaban más distantes; en cambio él, disfrutaba que lo abrazaran y cargaran.

            Fue creciendo... disfrutaba salir al patio, entre hierbas, piedras y arena, siempre a lado de sus hermanos. Todo parecía normal… hasta que un día… se comenzó a percibir en él, una torcedura en una de sus extremidades.

            Comenzó a caminar de forma extraña, su andar ya no fue el mismo desde ese momento. Sus hermanos no presentaron este problema. Ellos continuaban andando como de costumbre. Su madre trataba a todos por igual.

            Pero un día, por el mes de diciembre, Herschel ya no se paró, definitivamente el problema comenzaba a ser más serio.

            Sólo era uno de sus miembros inferiores el que le molestaba, pero esto le bastó para no continuar con su acostumbrada movilidad. De inmediato se le trató de ayudar, se le aplicaron cremas, inyecciones y se le proporcionaron masajes, con el propósito de que continuara caminando. Nada funcionó.

            Entonces se pensó que su tiempo de vida se limitaría a unos pocos días. La familia comenzó a aceptar que Herschel no viviría por mucho tiempo, porque su caminar ya nunca sería igual.

            Mientras comiera, se dijo, había que alimentarlo. Herschel no perdió el apetito, pero cada vez su cojera aumentaba.

            Se aisló de sus hermanos y su madre; ellos comenzaron a verlo de forma extraña. Herschel quedó al cuidado de una pareja, que lo acogió como si fuera un bebé.

            Fue colocado en un sitio especial para él, apropiado para su problema. Se le preparó un cojín, en donde se apoyara y no sufriera lesión alguna.

            Sorprendió a todos cuando él continuó viviendo. Algunas veces, mientras se le cargaba para llevarlo de un lado a otro, emitía fuertes chillidos, como si se le fuera a lastimar más su parte torcida; pero quienes lo cuidaban, procuraban que eso no sucediera.

            Aunque de seguro Herschel sufría por su situación, él no perdía su alegría, ni tampoco su deseo por caminar otra vez, pues día a día, él intentaba andar como cuando era pequeño y corría junto a sus hermanos.

            Un día, la pareja con quien vivía, mudó de domicilio y Herschel fue llevado con ellos. Se pensó que tal vez el viaje le afectaría, pero él no sufrió lesión alguna.

            Cuando llegó a la nueva vivienda, tuvo que adaptarse a otra forma de vida, de clima y de espacio.

            A los pocos días de haberse instalado en la nueva vivienda, Herschel sufrió un problema severo, de coagulación. Su pierna comenzó a presentar un color oscuro. Quienes le rodeaban consideraron que era un caso de gangrena.

            El médico que le diagnosticó el problema, así lo catalogó: como gangrena. Le recetó un antibiótico, pero no dio esperanzas de vida.

            Sin embargo, la familia tenía fe y pidió a Dios misericordia por él, por Herschel, porque continuara viviendo.

            Le fue aplicado el antibiótico en 3 ocasiones. El mal, no parecía ceder, por el contrario, fue invadiendo más partes de su cuerpo. La pareja que lo cuidaba, llegó a pensar que Herschel ya no estaría más entre ellos.

            Los días pasaron y varias personas fueron testigos del milagro. La pierna de Herschel comenzó a aclararse, el tono oscuro que le cubrió por varios días, fue desapareciendo. Hubo inmensa alegría por él.

            Continuó comiendo, nunca dejó de hacerlo. Si por algo se ha destacado, ha sido precisamente por su buen ánimo, a pesar de su sufrimiento.

            Cuando el problema de la gangrena se había ido, vino un segundo malestar. Sus hermanos (quienes también vivían por allí), se enfermaron de viruela. Sólo su madre y su hermana mayor no se enfermaron porque recibieron una vacuna, cuando jóvenes, que las inmunizó; pero Herschel no había recibido tal vacuna y se trató de protegerlo ante la enfermedad.

            Aunque se procuró mantenerlo alejado de sus hermanos, no se pudo evitar que ellos le contagiaran la enfermedad de viruela y, Herschel enfermó también.

            Sin poder caminar, Herschel sufrió el malestar de la viruela, en un rincón. El calor del clima era una circunstancia que seguramente le incomodaba aún más, pero él continuó comiendo y mostrándose alegre.

            Herschel no se quejó.

            Casi al tiempo que esto le sucedía, de nuevo ocurrió un problema en su pierna torcida. Se le observó una abertura circular, de la cual emanaba una sustancia blanquecina. Aquí se pensó que podía tratarse de un animal rastrero que se había introducido al cuerpo de Herschel.

            Un nuevo tratamiento comenzó para combatir ese problema. Se le aplicó un antibiótico y un remedio casero: se le echó cal en el orificio.

            Este tratamiento se le estuvo llevando a cabo por varios días, a su vez que se le continuaba observando el progreso de la viruela.

            Minutos, horas y días, transcurrieron hasta que Herschel recibió otro milagro. El orificio comenzó a sanar y la viruela fue desapareciendo.

            El cuerpo de Herschel empezó a limpiarse. Pero lo que seguía constante en él, era su parálisis.

            Debido a que él insistía en levantarse para caminar, la pareja que lo cuidaba, optó por atarlo, para que no se fuera a lastimar. Porque con Herschel, no se podía razonar.

            Así, atado en su rincón, recostado sobre su suave cojín, puedes ver a Herschel y te sorprenderá su buen ánimo. Porque aunque teme a los extraños, él siempre tendrá un hermoso sonido que emitir, una vez que siente confianza.

            Es alegre por naturaleza y no se queja. Herschel gusta de la vida y seguramente agradece a su Creador por permitirle estar entre nosotros.

            Herschel tiene una preciosa carita y un cuerpo suave y delicado. Si no fuera por el mal de su patita, él habría andado como los demás, como sus hermanos, como su madre. Pero también, si no fuera por su patita torcida, no se habría escrito esta historia, la historia de su vida.

            Este es Herschel, el pavito hermoso que Dios nos mandó para cuidar y gozarnos con su hermosa compañía.



            Herschel es el guajolitito más hermoso que hemos conocido. 

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