HERSCHEL
Nació un 13 de julio, casi al mediodía; cuando la familia
había recibido la noticia del fallecimiento de una tía.
Fue el más pequeño de sus hermanos y
de alguna manera tuvo dos madres: la biológica y una adoptiva (su hermana
mayor), que lo cobijó durante las primeras horas de vida.
Cuando pequeño, él disfrutó y corrió
como todos sus hermanos. Gustaba compartir su tiempo con ellos, a lado de su
madre. Aunque se diferenciaba de todos los demás, porque solía ser cariñoso con
las personas que se acercaban a él. Sus hermanos se comportaban más distantes;
en cambio él, disfrutaba que lo abrazaran y cargaran.
Fue creciendo... disfrutaba salir al
patio, entre hierbas, piedras y arena, siempre a lado de sus hermanos. Todo
parecía normal… hasta que un día… se comenzó a percibir en él, una torcedura en
una de sus extremidades.
Comenzó a caminar de forma extraña,
su andar ya no fue el mismo desde ese momento. Sus hermanos no presentaron este
problema. Ellos continuaban andando como de costumbre. Su madre trataba a todos
por igual.
Pero un día, por el mes de
diciembre, Herschel ya no se paró, definitivamente el problema comenzaba a ser más serio.
Sólo era uno de sus miembros
inferiores el que le molestaba, pero esto le bastó para no continuar con su
acostumbrada movilidad. De inmediato se le trató de ayudar, se le aplicaron
cremas, inyecciones y se le proporcionaron masajes, con el propósito de que
continuara caminando. Nada funcionó.
Entonces se pensó que su tiempo de
vida se limitaría a unos pocos días. La familia comenzó a aceptar que Herschel
no viviría por mucho tiempo, porque su caminar ya nunca sería igual.
Mientras comiera, se dijo, había que
alimentarlo. Herschel no perdió el apetito, pero cada vez su cojera aumentaba.
Se aisló de sus hermanos y su madre;
ellos comenzaron a verlo de forma extraña. Herschel quedó al cuidado de una
pareja, que lo acogió como si fuera un bebé.
Fue colocado en un sitio especial
para él, apropiado para su problema. Se le preparó un cojín, en donde se
apoyara y no sufriera lesión alguna.
Sorprendió a todos cuando él
continuó viviendo. Algunas veces, mientras se le cargaba para llevarlo de un
lado a otro, emitía fuertes chillidos, como si se le fuera a lastimar más su
parte torcida; pero quienes lo cuidaban, procuraban que eso no sucediera.
Aunque de seguro Herschel sufría por
su situación, él no perdía su alegría, ni tampoco su deseo por caminar otra
vez, pues día a día, él intentaba andar como cuando era pequeño y corría junto
a sus hermanos.
Un día, la pareja con quien vivía,
mudó de domicilio y Herschel fue llevado con ellos. Se pensó que tal vez el
viaje le afectaría, pero él no sufrió lesión alguna.
Cuando llegó a la nueva vivienda,
tuvo que adaptarse a otra forma de vida, de clima y de espacio.
A los pocos días de haberse
instalado en la nueva vivienda, Herschel sufrió un problema severo, de
coagulación. Su pierna comenzó a presentar un color oscuro. Quienes le rodeaban
consideraron que era un caso de gangrena.
El médico que le diagnosticó el
problema, así lo catalogó: como gangrena. Le recetó un antibiótico, pero no dio
esperanzas de vida.
Sin embargo, la familia tenía fe y
pidió a Dios misericordia por él, por Herschel, porque continuara viviendo.
Le fue aplicado el antibiótico en 3
ocasiones. El mal, no parecía ceder, por el contrario, fue invadiendo más partes
de su cuerpo. La pareja que lo cuidaba, llegó a pensar que Herschel ya no
estaría más entre ellos.
Los días pasaron y varias personas
fueron testigos del milagro. La pierna de Herschel comenzó a aclararse, el tono
oscuro que le cubrió por varios días, fue desapareciendo. Hubo inmensa alegría
por él.
Continuó comiendo, nunca dejó de
hacerlo. Si por algo se ha destacado, ha sido precisamente por su buen ánimo, a
pesar de su sufrimiento.
Cuando el problema de la gangrena se
había ido, vino un segundo malestar. Sus hermanos (quienes también vivían por
allí), se enfermaron de viruela. Sólo su madre y su hermana mayor no se
enfermaron porque recibieron una vacuna, cuando jóvenes, que las inmunizó; pero
Herschel no había recibido tal vacuna y se trató de protegerlo ante la
enfermedad.
Aunque se procuró mantenerlo alejado
de sus hermanos, no se pudo evitar que ellos le contagiaran la enfermedad de
viruela y, Herschel enfermó también.
Sin poder caminar, Herschel sufrió
el malestar de la viruela, en un rincón. El calor del clima era una
circunstancia que seguramente le incomodaba aún más, pero él continuó comiendo
y mostrándose alegre.
Herschel no se quejó.
Casi al tiempo que esto le sucedía,
de nuevo ocurrió un problema en su pierna torcida. Se le observó una abertura
circular, de la cual emanaba una sustancia blanquecina. Aquí se pensó que podía
tratarse de un animal rastrero que se había introducido al cuerpo de Herschel.
Un nuevo tratamiento comenzó para
combatir ese problema. Se le aplicó un antibiótico y un remedio casero: se le
echó cal en el orificio.
Este tratamiento se le estuvo
llevando a cabo por varios días, a su vez que se le continuaba observando el
progreso de la viruela.
Minutos, horas y días,
transcurrieron hasta que Herschel recibió otro milagro. El orificio comenzó a
sanar y la viruela fue desapareciendo.
El cuerpo de Herschel empezó a
limpiarse. Pero lo que seguía constante en él, era su parálisis.
Debido a que él insistía en
levantarse para caminar, la pareja que lo cuidaba, optó por atarlo, para que no
se fuera a lastimar. Porque con Herschel, no se podía razonar.
Así, atado en su rincón, recostado
sobre su suave cojín, puedes ver a Herschel y te sorprenderá su buen ánimo.
Porque aunque teme a los extraños, él siempre tendrá un hermoso sonido que
emitir, una vez que siente confianza.
Es alegre por naturaleza y no se
queja. Herschel gusta de la vida y seguramente agradece a su Creador por
permitirle estar entre nosotros.
Herschel tiene una preciosa carita y
un cuerpo suave y delicado. Si no fuera por el mal de su patita, él habría andado como los demás, como sus hermanos, como su madre. Pero también, si no fuera por
su patita torcida, no se habría escrito esta historia, la historia de su vida.
Este es Herschel, el pavito hermoso
que Dios nos mandó para cuidar y gozarnos con su hermosa compañía.
Herschel es el guajolitito más
hermoso que hemos conocido.